Bruno y Carmela

por Carlos Ulanovsky, 24-05-2017

Bruno es alto, flaco, lindo, morocho, reflexivo y juega al arco en un equipo de su clase, la 2006.

Carmela es grande para su edad (7 años), el color de su cabello semeja a una llamarada, es efusiva, graciosa, con una presencia indisimulable y estelar allí donde se encuentre.

Bruno lleva jugados, calculo yo, unos 35 mil partidos a la play y sabe tanto del mundo del deporte y del fútbol que justifica plenamente que en su casa lo hayan catalogado como “juanpablitovarsky”. Todo ese cuantioso conocimiento no le evita durante algunos fines de semana ser el arquero más goleado del barrio de La Paternal. Aún así, cuando lo saludo, abrazo y beso me gusta decirle “Campeón de campeones”.

Carmela es extrovertida y protagonista. La prueba de esas señas particulares son sus sorprendentes apariciones en Facebook, haciendo coreos complejas o cantando el tema de su invención “Imperfecta”.

Bruno y Carmela –presentados así, por orden de aparición en el mundo– desde que son chicos utilizan y juegan con el celular de sus padres, manejan controles remotos y explican sus inquietudes desde las pantallas más diversas. Al verificar sus precoces cualidades uno puede disimular bastante sus carencias y reconocer que llegará el día que, en determinadas materias, podrá descansar en ellos. En muchos tópicos ya lo hago, aunque me divierte que, en ocasiones, se asombren de lo mucho que ignoro. Los nietos, y los míos confirman la presunción, consagran la estimulante condición de abuelo, porque nos ofrecen noticias de lo nuevo, advierten acerca de los cambios, lo instalan a uno en el camino del futuro.

Son ya muy duchos en lo digital, pero, por suerte, también tienen pasatiempos analógicos.

Bruno con la pelota número cinco o con cualquier clase de objeto esférico que pase cerca de sus pies o manos y, en especial, por su condición de voraz lector de libros. Carmela tocando una guitarra acústica y por su habilidad para pintar e ilustrar. Guardo todos los dibujos que me hicieron, asi como deseo que ellos conserven todos los libros que les regalé. Solo mantengo una herida difícil de cicatrizar y no es que haya salido de Boca como el padre y no de Rácing como la madre o yo. A Bruno no le gusta el teatro en general y el género musical en particular. Él lo explica con argumentos difíciles de rebatir: ”No, abuelo, no me gustan las comedias musicales porque dicen una palabra y cantan, otra palabra y cantan”. Todavía tengo esperanzas de que Carmela un día me pida que la lleve a ver una de Hugo Midón.

Me deja tranquilo saber que a Bruno lo ayudé a completar un álbum de figuritas. También me gusta mucho verlos comer porque me da la tranquilidad de que hambre nunca van a pasar. Se por experiencia que no son demandantes y que, segura y eficaz lección de sus padres, entendieron que a veces existen los no y las limitaciones.Así como soy admirador incondicional de mis dos hijas ahora soy fana de mis nietos como personitas-personas.

Ojalá esté contribuyendo adecuadamente en su crecimiento. Porque eso es lo principal y verdaderamente conmovedor: verlos crecer. Lo que más me pregunto no es si yo estaré con ellos (se que, designios de la biología mediante, eso no será para siempre) sino qué les va a pasar, qué van a ser, como resultarán sus elecciones, cómo los tratarán el mundo y el país, de qué manera acomodarán sus destinos. En este aspecto confío completamente en sus padres, extraordinarios los dos, confío en su tía, confío en la parentela cercana y en la sustituta.

Chiquitos queridos, quería dejarles estas líneas en esta semana especial para mí, porque cumplo años. Para un día del padre de hace 5 años me regalaron una tapa de revista, simulada, con frases de los dos. Otra vez me conmuevo al leerlas. “Mi abuelo es el mejor y el más capo. Es el papá de mi tía y de mi mamá también”, declara Bruno. Y (en exclusiva) Carmela agrega: “Para ser abuelo, primero hay que ser padre y, antes, hijo”. Tienen razón, una vez más.

Bruno y Carmela, Carmela y Bruno son directos, desafiantes, sensibles y graciosos. Ellos son mis nietos, rejuvenecedores, y me ayudan a vivir: me regalan vida, me sobreviven.